
Hoy, en esta noche.
Envuelta de estrellas.
Estrellas resplandecientes
Y únicas,
Blancas y puras.
Las he contemplado,
Y ha venido tu recuerdo en alto.
Cuando te conocí,
Inolvidable ese día.
Conocí a esa silenciosa dama,
Callada.
Impredecible al mirarla,
En ese espacio para dos,
Pense haber encontrado el amor.
Tan sólo pasó por un instante,
Pasó por mi corazón...
Me hiciste tu persona confiable,
Habías dicho, que te habías liberado.
Por contarme, todo lo que habías pasado,
En tu vida miserable.
Cruel la persona
Que te robo la felicidad
y no te la devolvió.
Cruel la persona que te dejó,
En desamor.
Y pensé, desde ese día,
Que fui yo quien de sus cadenas,
Te desecandenó.
Poco a poco,
Tu alegría se convertía
En mi sonrisa.
La felicidad estaba en tus manos,
Sostenía que los dos estabamos
Destinados.
Destellabas la sensibilidad
Y la belleza, que no veía,
En mí hace años.
Sí, ella destella esa belleza,
Que posee una ternura sensual.
Que llega hacia mí,
Y me hace sentir.
Vivo, sabiendo que ella es mía.
Habitó en mis pensamientos,
Enriqueció mis sentimientos,
Llegó y me condució al amor.
Justo ya, convencido.
Había querido esperarte,
A que pudieras escucharme,
Sabía que sentias lo mismo,
Quería que lo sintieras...
Pero buscarte fue díficil.
Parecia que los mares,
Te habían llevado.
No podría, tú te habías liberado.
Aún en mí, ese sentimiento,
Hacia tí.
Aún esperanzado en verte,
Y demostrarte aquello para darte.
Pero, ya no me guiaron tus rastros.
Ya habías desaparecido,
Como una ilusión llevada por mí,
Tu espiritu se había conservado
Muy adentro...
Como un buen recuerdo.
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