miércoles, 10 de octubre de 2007

Agrías Lagrimas.



Llantos,
Llantos de tristeza,
Y de condolencias.
Lagrimas,
Salidas de mis ojos.
Mis ojos ciegos,
De no querer ver esta realidad,
Que aún me ha dejado atrás.
Lagrimas,
Sin purificación.
Destinadas a ser derramadas
En los sentimientos más mortificantes
Y más miserables.
Por lo que se han convertido,
En este dicho.

Llora, hija mía.
Ha dicho mi madre,
Cuando vio mi sufrimiento,
Hacia aquel.
Hacia aquel que no le importó
Dejarme sin alguna alegria,
Dejandome empeñada aún,
En demostrarle mi amor.
Llora, hija mía.
Dijo mi madre,
Una vez en donde sentí plena felicidad,
El tan sólo saber que en este mundo,
Podría ser amada por una persona tan especial,
La cual había anhelado, bastante tiempo.

Aunque, otra vez,
Ha venido la desilusión.
Ha llegado la decepción,
Y me ha hecho reconocer,
Me ha hecho ver,
Y volver de vuelta,
A esta realidad,
Que trae una oportunidad,
La cual después,
Se está por desechar...
Llantos mortificados,
Llantos purificados.
Lagrimas derramadas,
Y jamás sostenidas,
Por un soplo del alma.

No hay comentarios: